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viernes, 19 de junio de 2020

Gustavo M. GALLIANO, autor-colaborador de esta revista nos invita a leer un relato de su autoría

Gustavo M. Galliano - Rca. Argentina

Estimados amigos:

Les invito a leer mi relato EL MARCHAR DE LAS PALABRAS, recientemente publicado por la revista "Resonancias Literarias" (Francia), en su número 155.


Pueden verlo también y comentarlo en mi muro de facebook: "Gustavo M. Galliano". Muchas gracias y reciban mis mejores saludos, mejor abrazo virtual,

Gustavo M. GALLIANO
Rosario, Santa Fe, República Argentina

viernes, 19 de agosto de 2016

EL RUIDO DEL SILENCIO por Yolanda Elsa SOLÍS MOLINA - Barcelona, España


YOLANDA ELSA SOLÍS MOLINA

Imagen de: www.panoramio.com

EL RUIDO DEL SILENCIO

A esta hora, casi al final del día en Barcelona, se van apagando los habituales ruidos de la calle.
Persianas que bajan, interrumpiendo el constante entrar y salir de la gente....
Los corrillos de jóvenes con la perspectiva de una larga noche gracias al feriado de mañana, sustituyen al bullicio de los niños jugando a ser estrellas del Barça.  Las callejuelas del Barrio Gótico, son en el día, buenísimas canchas de fútbol, donde con la indulgencia de los automovilistas, practican...Siempre se asoma alguna intolerante vecina al balcón de los geranios, con una actitud de desagrado, a la que los niños, ignoran...
Los nuevos caminantes nocturnos cambian el panorama planeando el botellón de esa noche...evitando las farolas de Gaudí, aumentando el nivel de sus voces, a medida que van destapando botellas...
Ya se retiraron de  la Plaza de la Catedral,  los circunspectos bailarines de sardana los asistentes a las ferias de anticuarios de los viernes y sábados y también los paseantes de todos los días. En este agosto en que los turistas pasean, comen y beben durante todo el día y la noche para alegría de los comerciantes, cada pieza del paisaje cumple su función.  La vecina malhumorada,  el mendigo extranjero, y la que todo el día limpió mugres ajenas, serán desde su propia cárcel sin rejas, testigos sin derecho a opinar, a gozar, a vivir.  Cada uno de los sin opinión, podrá descansar en el oscuro rincón al que pertenece, mientras los que  comen, ríen, roban, bailan y se emborrachan los han relegado.

©YOLANDA ELSA SOLÍS MOLINA, poeta y escritora argentina, 
amiga y colaboradora de esta revista "Pluma y Tintero",
MIEMBRO HONORÍFICO DE ASOLAPO ARGENTINA, enlace al blog:



martes, 12 de julio de 2016

LA VIDA INTERMINABLE por Yolanda Elsa SOLÍS MOLINA - Barcelona (España)

La autora y colaboradora de esta revista "Pluma y Tintero", Yolanda Elsa Solís Molina, publica en el blog de Asolapo-Argentina el siguiente relato:


LA VIDA INTERMINABLE



Yolanda Elsa Solís Molina


Hoy Begonia, había visto una cala, casi abrirse en su presencia. Porque de acuerdo al descubrimiento que ella decía haber hecho, al regarla directamente en su cáliz, se impedía a los parásitos negros que atormentaban a la flor, instalarse y medrar, allí impidiendo así, que la flor llegara a su plenitud... Y ella, comprobaba como día a día, ese gran pétalo blanco, aumentaba de tamaño y grosor, mientras el mástil amarillo, sano y fuerte, completaba esa producción que en esa cala en particular, tenía asombrada a Begonia.
Y así llegó el día en que debía cortarla ya que consideraba que más no podía crecer... Se destacaba entre sus pares, por un tamaño desmesurado, el blanco inmaculado de su pétalo y el grosor, que al cortarla y colocarla amorosamente en su mano, de dedos estirados y amorosos, Begonia notaba su peso, no igualado antes por ninguna otra...
La colocó en el jarrón más alto y resistente, y así la tuvo tres días, como objeto de observación de sus pupilas que hacían esfuerzos para no perder detalle de semejante ejemplar, cultivado por ella en el lugar más húmedo y sombrío, debajo del nogal.
Un día notó con tristeza, que los bordes del gran pétalo, se enroscaban hacia adentro, tomando un color amarronado y pensó: la guardaré en un libro, para no perderla del todo, es tan hermosa...Y entre dos finos y sedosos papeles, la deslizó con cuidado, guardándola en un cajón de su escritorio... lo dejó entreabierto, como para prolongar todo lo que fuera posible la vida, aún tronchada, de su admirada cala...
A los quince días, el papel de seda, pareció ser movido por la suave brisa que entraba por la ventana, primero, fue un movimiento imperceptible... luego, cada vez más evidente en la soledad y el silencio de la vetusta habitación...
Un casi repugnante gusano, arrastrando el polvillo amarillento de la cala que alentó su vida, comenzó a reptar por el borde del cajón, portando un cascarón tan poco armonioso con unas alas que, poco a poco, fueron saliendo en maravilloso nacimiento del ya inservible vientre, que amparó la llama de su vida, junto con la enorme cala, en un espasmo de reproducción irrenunciable.
El áspero murmullo que buscó la claridad del sol, desde ese oscuro habitáculo de una flor ya sin vida, cuyos jugos postreros alimentaron la belleza alada, la mariposa, salió triunfante, en un último esfuerzo hacia su único día de vida. El sol, deslumbró a la dama del color, que cada vez con más fuerza, ejercitaba su vuelo desde su insólita cuna, hacia la libertad de vivir, para llevar a cabo su misión de un día, para que el círculo de previsto, se cerrara en sus extremos...
Buscó los colores y las flores más brillantes, y con fruición el néctar más dulce en los azahares, ejercitó tímidamente un vuelo cada vez más alto, depositó su belleza con suavidad, en las ramas verdes aún de las hortensias, cumplió al fin su apresurada misión de perpetuar la especie... agotada, sin expectativas, sintió la lluvia que, poco a poco, perfeccionaba la trama de un consabido, vuelo final, que concluyó cuando su cuerpo frágil , destrozado, ya sin vida, entre hojas secas como manto compasivo, se convirtió con los días de sol abrasador y la falta de respeto de las lluvias inclementes, en despojos enterrados en el barro...
Begonia, primero, había comprobado la desprolijidad en los papeles de seda, con que amorosamente había cubierto a la cala, luego, encontró el reseco capullo de vida, cuando acudió a sus gafas para ver mejor el milagro, percibió un vacilante vuelo entre las ramas del jardín... y concibió una esperanza... la maravillosa criatura, se perdió entre las hojas del nogal, mientras Begonia, meditaba.
Días después, mientras preparaba con sus nudosos dedos la tierra para nuevos retoños, vio el destrozado despojo de la bella mariposa que nació desde su cala, contempló un final que a la vez era un renacer, sintiendo que su vida, también era un eslabón necesario, entonces silenciosamente, sonrió....
Esa misma tierra que parió la planta, que ya florecida fue lecho, fue cuna, pétalo abrigado de polvo y silencio, perfume tan blanco, tan tibio ,tan dulce... se vio enriquecida de alas coloridas yertas, tiernas, frágiles, muertas, necesarias, nutriendo el regazo donde el bulbo tierno, otra vez comienza en ciclo inmutable, en brote de vida, transparente y bello. Se cumple el proyecto que entre tierra, brisas, sombras de nogales, alas muertas, rosas, completan el sueño de Begonias simples calladas, modestas, simples  y hacendosas, que ofrecen sus manos heridas, callosas, a sueños de nueces, calas, mariposas...

©YOLANDA ELSA SOLÍS MOLINA poeta y escritora argentina
MIEMBRO HONORÍFICO DE ASOLAPO ARGENTINA

jueves, 23 de junio de 2016

Elsa Solís Molina - Barcelona - España

Elsa Solís Molina, colaboradora de "Pluma y Tintero", publicó el siguiente relato en el blog de ASOLAPO-Argentina:

SOLEDAD

Imagen enviada por la autora
ELSA SOLÍS MOLINA

A veces pienso que la muchacha del 4º, levantará la vista cuando pasea por la Rambla y así podrá comunicarse con la realidad.
En ocasiones nos hemos cruzado en la escalera y su aterrada mirada se ha posado inexpresivamente en la mía, su saludo ha sido un vertiginoso murmullo que quiso responderme…
Se sienta en los anchos bancos de la Plaza de La Catedral y su cuerpo desaliñado y quieto, sólo se mueve cuando una gaviota enorme y desorientada asombra a los turistas sobrevolando la plaza para posarse luego en la cúpula de la catedral, buscando ávidamente el mar.
Desde arriba, los cantantes que hacen su día con el producto del bote, parecen pequeños puntos oscuros con una multitud en constante movimiento a su alrededor, que ignora los problemas de las muchachas.
Las palomas no se acercan a la muchacha, no tiene miguitas para tirarles…
Ella cruza silenciosa hasta el Museo Gaudí. Recorre lentamente los tres pisos, hasta llegar a las obras y croquis del maestro que contempla despaciosamente, subyugada por tanta belleza…
Abajo, las terrazas repletas de personas cuya única opción es si piden tapas de mariscos o patatas bravas. Es pleno agosto en Barcelona y las enormes copas de dorada caña, sólo compiten con el blanco de la espuma que las corona.
Ahora la muchacha desde arriba, se fija en las palomas entre el constante movimiento de gente deambulando al sol, buscando regalos en las tiendas de los anticuarios…
Y las palomas siguen picoteando hasta levantar vuelo en conjunto, asustadas por un niño en patineta.
Como ellas…, pero a la inversa, esa noche la pequeña e ignota figura del 4º, voló hasta la estrecha callejuela arrastrando en su vertiginosa caída, un geranio perfumado.

©ELSA SOLÍS MOLINA, poeta, pintora y escritora argentina
MIEMBRO HONORÍFICO DE ASOLAPO ARGENTINA

domingo, 20 de marzo de 2016

UN SUSPIRO EN LA MAÑANA, relato de Salomé Moltó - Alcoy (Alicante, España)

UN SUSPIRO EN LA MAÑANA


Paisajes clásicos en óleo

©SALOMÉ MOLTÓ 


Se acercó a la ventana y miró al horizonte. Las bellas montañas bostezaban y se deshacían de las pertinaces nubes que las habían cubierto durante la noche. Un ligero rayo solar las inundaba, devolviéndoles la alegría diurna que se produce en los amaneceres. Había pasado toda la noche cuidando a su hermana, la pequeña de cinco hermanos que tuvo su madre en diez años. Su hermana la pequeña, ella la mayor y tres varones en medio. El último parto de la madre fue doloroso y quedó afectada en su salud, lo que hizo que Elsa supliera a su madre en los trabajos del hogar y en el cuidado de su hermana.   De momento tuvo la impresión de que nada había cambiado en los últimos veinte años. Su madre murió unos años después de que viniera al mundo Rosa, la pequeña, los hermanos habían salido del pueblo en busca de trabajo y no habían vuelto más. Recorrió toda la casa, por la cocina se salía al patio con varios metros de asfalto de ancho y de allí hasta la valla cubierta de rosales todo era jardín. La ventana del comedor daba a la cuesta y al camino que conducía al pueblo cuyas tejas se vislumbraban, al fondo el campanario de la Iglesia resultaba más visible. Se tomó el café con un pequeño bollo que había guardado del hospital y se durmió. El sol con sus flamantes rayos invadían poco a poco los húmedos prados, en la lejanía, el rebaño de Pedro alcanzaba la cumbre y todo el pueblo sacudiéndose la pereza, empezaba sus tareas. Elsa dormía, el día había sido duro, su hermana pequeña había parido una preciosa niña de ojos imprecisos, no sabía decir si azules o negro, no los veía bien. .- Me ha costado traerla al mundo, pero es preciosa. .- No Elsa, tú no has traído al mundo ninguna niña, es tu hermana, y esa niña es tu sobrina. Le dijo su amiga Clara que al entra en la casa, la había oído hablar en sueños. Se despertó bruscamente, se sentía mal y no sólo porque la recién nacida un fuera su hija, sino, porque de momento, se dio cuenta que la vida le había quitado ese momento tan hermoso de ser madre y que su hermana, sin preocuparse en absoluto de los acondicionamientos sociales tan arraigados y fuertes en los pueblos, había tenido una hija. Su hermana la miró fijamente comprendiendo el sentir profundo de Elsa, y toda su tragedia.- No te preocupes, mi hija tendrá dos madres, estoy muy segura. Le dijo con firmeza y con una gran dulzura. A veces nuestras frustraciones, desengaños y traumas pueden ser sino subsanados, por lo menos superados en parte. Suelen haber personas solidarias a nuestro alrededor.


 Salomé Moltó, poeta y escritora española
 MIEMBRO HONORIFICO DE ASOLAPO ARGENTINA



lunes, 25 de enero de 2016

SALOMÉ MOLTÓ – Alcoy – Alicante - España

Nuestra amiga y colaboradora, Salomé Moltó, publica un relato en ASOLAPO-Argentina que comparte con todos nosotros:



HACIENDO ¡CHUT!


Imagen de: http://antoncastro.blogia.com

SALOMÉ MOLTÓ



Estuve esperando a mi madre toda la tarde. Cuando apareció, anochecía. Cuando le reproché su tardanza esbozó una ligera sonrisa y se sentó junto a la mesa redonda. Me dijo con la mirada ausente que ya no iba a ocuparse de mi padre que por ella se podía quedar para siempre en el hospital, que aquellos seis meses en que él había permanecido ingresado por el accidente de moto que sufrió, habían sido para ella, los más dichosos de su vida. No hice caso y junto con mi hermana arreglamos el traslado de nuestro padre al pueblo. Lo colocamos en la habitación cercana al comedor para que a mi madre, le fuera más fácil atenderlo, ya que por un tiempo llevaría la pierna escayolada y sus movimientos le serían penosos. Nuestra madre no estaba en casa, ni en el pueblo, ni en ninguna parte. Nos quedamos con nuestro padre para cuidarlo mientras averiguábamos donde había ido nuestra madre. Llamar a su hermana, la tía Clara, se convirtió en un enorme debate entre mi hermana, mi hermano que se había desplazado desde la ciudad y mi hermana que vivía en el pueblo. “¿Cómo se lo planteamos a la tía?, no va a comprender nada” “Ni nosotros tampoco” repuso mi hermano. “Yo la encontraba un poco rara de un tiempo a esta parte. Las relaciones con nuestro padre habían empeorado. La verdad que nunca la trató bien y ahora después de cincuenta años casados, ella dice que no lo va a cuidar. ¿Por qué? Dijo mi hermana. Nos enzarzamos en una discusión larga y agotadora, salieron a relucir ciertos acontecimientos ocurridos años atrás entre nuestros padres cuando éramos pequeños. Todos superados por la gran paciencia de esta mujer, tolerancia y sacrificio a los que nos habíamos acostumbrado todos. De momento se abrió la puerta de la habitación y dejamos de discutir, mi madre toda sonriente, con el pelo recién peinado, la manicura hecha y el rostro maquillado, casi no la conocimos, entró triunfante. Nosotros espantados la mirábamos no comprendiendo qué podía pasarle a nuestra madre. Nos miró y nos dijo: “Me voy de crucero, hace diez años que quería hacer este viaje y vuestro padre me lo impidió siempre, ahora me voy, serán unos diez días, así que os quedáis vosotros unos tres días cada uno cuidándolo y en paz. O lo dejáis que se las componga solo, que ya es mayorcito. Mi padre quiso gritarle, proferir algunas de sus palabras y amenazas habituales, mi madre poniéndose el dedo sobre los labios le lanzó un signo de silencio y salió alegremente por la puerta.
- Cállate papa ¡chut!, le dije, ¡chut! hicieron mis hermanos y todos salimos de la habitación, haciendo ¡chut! Nos fuimos cada uno a nuestras obligaciones estando seguros que las cosas iban a cambiar inexorablemente a partir de ese momento, sobre todo para nuestra madre.


©SALOMÉ MOLTÓ, poeta y escritora española MIEMBRO HONORÍFICO DE ASOLAPO ARGENTINA


domingo, 17 de enero de 2016

LA FOTO - Salomé Moltó - Alcoy (Alicante-España)

Nuestra amiga y colaboradora de esta revista, "Pluma y Tintero", publicó en el blog de ASOLAPO-Argentina el siguiente relato:



LA FOTO

Imagen de: http://footossinporque.blogspot.com

Salomé Moltó


Se sentó en el banco con la cabeza cacha mirando los zapatos ajados que tanto le disgustaban. Metió la mano en el bolsillo de la chupa y sacó un paquete de tabaco medio vacío del que sustrajo un cigarrillo, con el mechero lo encendió y empezó a fumar muy lentamente. Al cabo de varias exhalaciones, levantó la vista y se detuvo mirando el árbol que, majestuosamente extendía sus ramas más allá del seto. No se oyen los pájaros, se dijo para sí mismo. Ya en las últimas caladas sus dedos ansiosos se deslizaron por el bolsillo junto al pecho, de donde sacó una foto bastante deteriorada, en donde una hermosa y joven mujer vestida de forma pulcra y sencilla, esbozaba una dulce sonrisa. El hombre la contempló largo tiempo, el cigarrillo se había consumido. Pasó la yema del dedo por toda la figura deteniéndose en los labios de la hermosa mujer, pasando el mismo dedo por sus labios secos y arrugados, una y otra vez. Fue repitiendo el mismo movimiento mucho tiempo, como si esperase una respuesta. La mujer de la foto era joven y vestía elegantemente con un vestido de otra época. Él era viejo con una larga y descuidada melena, con el rostro quemado y encartonado, las manos ajadas. Una gran melancolía emanaba de aquel descuidado cuerpo. Acercó la foto a sus labios y la besó largamente y con un gran suspiro se desplomó. La gente cercana al parque, vio a aquel pordiosero derrumbarse y de inmediato, llamaron a una ambulancia. Cuando ésta llegó los conductores verificaron que el vagabundo había fallecido. Lo colocaron en la camilla pero no pudieron sacarle, de entre los dedos la foto de una hermosa mujer que sonreía. Poco después la enfermera tiró con fuerza y pudo soltar la foto de entre los enjutos dedos, al tiempo de tener la sensación de haber sentido un lamento. Miró la foto y miró al difunto y sin saber porque les dijo a los encargados de la funeraria. .- No dejen de poner esta foto junto al corazón del fallecido cuando lo acomoden en el ataúd. Si por algo se separaron, ahora que emprendan juntos el camino de la eternidad.

SALOMÉ MOLTÓ ©, poeta y escritora española MIEMBRO HONORÍFICO DE ASOLAPO ARGENTINA

lunes, 2 de noviembre de 2015

Elsa SOLÍS MOLINA, autora de "Pluma y Tintero" publica en el blog de ASOLAPO-Argentina

HISTORIAS DE LA CALLE


Plaza Sarmiento - Imagen de: www.skyscrapercity.com
Yolanda Elsa Solís Molina

Barcelona, España 



Mariana sentada en el bar de la calle Rioja de Rosario, contemplaba el ir y venir de la gente del otro lado del vidrio en actitudes, expresiones, modos de caminar, arrasando o vacilando, que dejaban claro situaciones, caracteres, estados de ánimo... El paso lento, cansado de los ancianos, la insolente y vital fuerza de los jóvenes, la preocupación y el rostro tenso de la llamada ama de casa, a la que siempre le falta el tiempo....Es el prototipo, pensó, de la que aprovecha cada minuto de su vida, para demostrar su eficiencia, pero que desconoce el valor de una pausa contemplativa, de un momento sólo para reflexionar, para aquietar el alma, para crecer como persona...inmersa en su apresurada vida de demostraciones de valor, aunque ello sacrifique su ignorada interioridad. Su mirada, entonces, se vio atraída mientras terminaba su café, por la desolada, el buscador de ocasiones, el jovencito tratando de acaparar la atención de su compañera de ricitos rubios y anillitos de plata, el gordo señor parado frente a la pizarra del menú del restaurante de enfrente... Le gustaba imaginar el final de cada historia y la incidencia que cada actitud tenía en ella... Los hombros frágiles de la sola, se detienen ante la vidriera del bar, mira hacia adentro, vacila un minuto y luego entra a comprar dos empanadas, que, seguramente compartirá con su gato, en una fría y gran casa de pasillo. Entra al bar, un viajante, arrastrando los pies, con la corbata torcida y la camisa mojada. Se sienta como si fuera de plomo, en una mesa pequeña, debajo de la cual, sus piernas entran por milagro y sus mocasines vapuleados, no dejan enfriar a sus pies deshechos y doloridos. Como la imagen de los contrasentidos, pasa por la vereda una señora gruesa y desaliñada, llevando, con suma delicadeza, un ramo de rosas, su rostro tienen la alegría de gozar por anticipado la sorpresa de su destinataria. Sigue por el centro de la ciudad el interminable deambular de los chiquitos de ojos enormes y uñas sucias que ofrecen con voz lastimera bolígrafos y analgésicos, controlados desde la esquina, por el vago de saco grande y vergüenza escasa... Como personajes obligadas de esta historia de la calle, enhebrada por Mariana desde la mesa del bar, entran dos nenitas ofreciendo en conitos de plástico, rosas de dudosa frescura, a la disparada, antes que las retiren no del todo amablemente los mozos, pero, angustiadas si no venden, por el coscorrón de la hosca mujer, que las espera afuera, con un bebé maloliente en sus brazos... Las dos gitanas, pasan comentando sus ventas de San Cayetano, con los ramitos de trigo. Ellas visten comúnmente, pero su decir vivo y rápido, las delata. Se sientan en la vidriera de la librería, sin dejar de hablar a una velocidad que hincha las venas de sus delgados cuellos morenos. La somnolienta señora del quiosco de revistas, sentada en su sillita baja, aprovechando la sombra del toldo de la librería, mira a las gitanas como si fueran el paisaje. ¡Adiós doctor...se saludan dos hombres pulcramente vestidos con papeles y portafolios en sus manos, mientras el vendedor de termos, cuchillos, cubiertas de documentos y pulseras artesanales bosteza, cuando su compañero le guiña un ojo diciendo; estos sí que no tienen problemas... son concejales... El vendedor clandestino de empanadas turcas, arma un revuelo en plena Plaza Sarmiento, recogiendo apresuradamente dentro de su mantel la mercadería, manoteando apresuradamente la mesita plegable, saliendo a la disparada, al ver a los inspectores municipales... Los de la casa de cambio, siguen inmutables, vendiendo, comprando monedas, mientras el mundo se mueve, vive o muere a su alrededor... mientras en la agencia de loterías, los ilusos siguen probando y el dueño del negocio, único ganador, abre otra agencia a la vuelta.


© YOLANDA ELSA SOLÍS MOLINA, poeta y escritora argentina MIEMBRO HONORÍFICO DE ASOLAPO ARGENTINA


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sábado, 17 de octubre de 2015

Norberto PANNONE en el blog de ASOLAPO-Argentina


Norberto PANNONE, amigo y colaborador de esta revista, publica un relato en el blog de ASOLAPO-Argentina.





LA CAÍDA

Se alzó cuidadosamente, ensayó algunos pasos, trotó y luego, sin molestia alguna, comenzó aquella maravillosa carrera.  Sus piernas, pesadas al comienzo, parecían tan livianas como las alas de un colibrí. Corrió, corrió, corrió… Corrió hasta que la ardiente tarde de verano le mojó el cuerpo de sudor y la respiración se le hizo dificultosa y jadeante. El suelo, a veces llano y suave, le permitía adelantarse con increíble levedad. La blandura de la hierba amortiguaba el apoyo de sus pasos sobre el piso, dejándole una fresca y agradable sensación de renovada alegría. Su corazón latió rebosante al recibir el líquido vital que llegó limpio y vigoroso hasta la aurícula y el ventrículo izquierdo. Su cerebro, embebido de endorfinas, activó sus recuerdos de niño, allá, en los terrenos del barrio donde correteaba con sus amigos en busca de las mariposas y los duendes propios de la niñez. Los recónditos caprichos del soñar lo llevaron a otro plano dimensional y pudo oír claramente los vítores de los partidarios cuando pateó aquel tiro libre en el minuto final del encuentro. Evocó detalladamente con que precisión colocó el perfil interno del empeine de su pie derecho bajo la curva inferior de la pelota a fin de obtener la comba precisa y la fuerza necesaria en el puntapié genial. Con orgullo de líder, le pareció escuchar otra vez los rugidos de la hinchada del club. Con su patada magistral, la pelota, en una trayectoria prodigiosa, entró sin dificultad en el ángulo superior derecho del arco contrario. Ahora, en los meandros del sueño, el terreno se puso escabroso y algunas piedras dificultaban su avance, más, aquella levedad de sus extremidades le permitió esquivarlas con saltos precisos y elegantes. De pronto, en un tonto descuido, no pudo advertir el montículo de tierra y se torció el tobillo derecho. Cayó retorciéndose por el dolor. Miró su pierna y vio espantado la fractura expuesta de peroné. Se sintió caer pesadamente sobre el piso y la crueldad del sufrimiento acabó con su conciencia. La noche del dolor terminó oscureciendo la tarde de sol. -¡Basta por favor! ¡No aguanto más el dolor! ¡Mi pie, mi pie! -Gritó al despertarse después de tantos días de coma- -¡¿Dónde te duele?! -¡El pie derecho! ¡Creo que me lo he fracturado! ¡Llamen al médico por favor!!! -¡Basta de moverte!, quédate quieto que ya pasará… -¡Por favor, no doy más! ¡Hagan algo! ¡Mi pieeee! ¡Me duele hasta el alma!! ¡No puedo parar de moverlo, si lo dejo quieto siento que los garfios del demonio me lo destrozan!!! ¡Traigan hielo que me quema!!! Una de las asistentes lo miró compasivamente; en un curso de capacitación, había oído de aquel asunto del “del síndrome del miembro fantasma”. Mientras las enfermeras luchaban para inyectarle la morfina, su mujer, que lo estaba cuidando desde el principio, se levantó de la silla que ocupaba al lado de la cama y se acercó a la ventana de la habitación desde donde se divisaba el enfermizo parque del hospital. Dos silentes y amargos lagrimones se deslizaron por sus mejillas. Recordó la maldita diabetes, la gangrena y el diagnóstico fatal y definitivo del cirujano cuando, un mes atrás, le comunicó que la única solución era la amputación de la pierna a la altura de la rodilla.  Estuvo largo rato allí, hasta que los gritos de dolor que profería su marido fueron decreciendo hasta transformarse en una exigua queja de un adagio angustiante. Sin volver la cabeza, imaginó que el pobre se estaría adormeciendo y que su dolor menguaría en unos instantes más. Afuera, debajo del viejo roble que crecía en el parque, dos chicos jugaban con una gastada pelota de futbol.

Norberto Pannone© Octubre de 2015



viernes, 9 de octubre de 2015

SALOMÉ MOLTÓ en ASOLAPO-Argentina

Salomé MOLTÓ MOLTÓ, colaboradora de esta revista, publica un relato em el blog de ASOLAPO-Argentina.

El enlace es:




CAMPEANDO EL TEMPORAL 

A ver “Ya con la fe perdida/ voy recorriendo del mundo el retortero/viendo que son iguales al primero/ los últimos errores de la vida/.-¡ A sí! Campoamor.-Acertada. Ahora veamos este poema de quien es. Te toca a ti Marita “Hasta que el pueblo no las canta, /las coplas, coplas no son/ Y cuando las canta el pueblo, ya nadie sabe el autor/ Procura tú que tus coplas vayan al pueblo a parar, / aunque dejen de ser tuyas/ para ser de los demás. /Que al volcar tu corazón en el alma popular/ lo que pierde de fama, se gana de eternidad. .- Pues… no sé.-¡Yo sí, yo sí! Antonio Machado.- Acertada. Venga Pedro, ahora tú, anímate a ver si aciertas. Y no te preocupes tan pronto deje de nevar iremos a dar un paseo y a pisar la nieve. “Siempre habrá nieve altanera /que cubra el monte de armiño/ Y agua humilde que trabaje, en la presa del molino/Y siempre habrá un sol también/ un sol verdugo y amigo/ Que trueque en llanto la nieve / Y en nube el agua del río”. .-Pues no tengo ni idea. ¿No podemos salir profe? - Pues no. Ese poema tan hermoso es de León Felipe. Es menos conocido que los otros, pero de un gran valor. .- Ya veo, pero nos lo está poniendo difícil. .-A ver este sólo una estrofa “Y yo me la llevé al río creyendo que era mozuela pero tenía marío”.- ¡Ha ese sí!, Federico García Lorca. Sí, por cierto asesinado en los primeros días del levantamiento fascista previo a la guerra civil. .-Bueno, y éste “Bendita sea la gente/ que no admite ataduras/Bendita la gente dura/ que no se deja ensillar/ ni toma gusto al pan amasado en servidumbre. /Bendito sea el que alumbre de nuevo la Libertad”.- ¡Vaya silencio! Ya veo que nadie lo sabe. .- No sabemos el nombre del autor, pero es de un país de América ¿Cuál?- ¡Brasil!- Pues no, Argentina.- Vaya, a los argentinos les da mucho por la literatura. .- Pues sí, veamos unos pequeños trozos de… Autores argentinos “Ese nervio secreto que impele/con tu pecho herido, desgarrado/como un verbo de rima engarzado/ y es más pulso tal vez cuando os duele” Aquí tenemos a R. Leiro. “Sentado bajo el árbol/te veo pasar/Me da tanta pena ver cómo te vas: /A veces apurado, otras, lento y calmo. /Mido tu angustia con la mía...” Aquí a Pannone. “Mañana no sabemos si la guerra/Olvidando firmas y tratados/Volverá entre llantos y miserias/Invadiendo derechos amparados...” Y Elsa Solís (Nalo) “No oculto la verdad/ No me haga de modestia /No finjo que escribo para mí misma/Soy un ególatra poeta y exijo mi derecho/ a la soledad perpetua. Y por ultimar a Teresinka Pereira. .-En fin, ¡hay tantos!-Si, ya, pero ha dejado de nevar.- Bueno chavales, nos vamos de excursión. Aunque podríamos en el paseo….-Deje, deje profe, vamos a ver a los hurones, las liebres y demás. A lo mejor vemos algún que otro jabalí. La naturaleza también es hermosa, deja la poesía para cuando nieve...

© SALOMÉ MOLTÓ, poeta y escritora de Alcoy, Alicante, España MIEMBRO HONORÍFICO DE ASOLAPO ARGENTINA


jueves, 8 de octubre de 2015

NORBERTO PANNONE en ASOLAPO-Argentina

Norberto PANNONE, amigo y colaborador de esta revista, publica un relato en el blog de ASOLAPO-Argentina. 


Enlace:



LOS CONDENADOS

Acurrucados, temerosos, alertas. Todos estaban aguardando la macabra hora de su trágico final. Ese rectángulo que los contenía era su última morada de vida, después, perderían uno a uno sus cabezas en una muerte explosiva, brillante, inexplicable. Un hilo de luz se filtró por la abertura y, una vez más, uno de ellos fue arrancado de allí sin contemplaciones. Escucharon luego el forcejeo y el estampido y, temblando de furia y de miedo, comprendieron que otro de sus hermanos había muerto. Era verdaderamente aterradora aquella incierta espera. Ninguno podría imaginar quien de ellos sería el próximo. La inminencia de la muerte exacerbaba el albur que cada uno correría. Eran elegidos al azar, sin discriminar. El verdugo, ni siquiera se detenía a mirarlos, sabía muy bien que debían morir, tarde o temprano, sin remedio alguno. La voz llegó hasta ellos y los sacudió con su fatídico sonido.
-¿Dónde dejaste los fósforos?
-Sobre la alacena. Respondió otra voz.
La gigante mano tomó a otro de ellos y con terrible saña le arrancó la cabeza al rasparlo sobre el costado de la caja que los contenía.


Norberto Pannone © 2008 

lunes, 22 de diciembre de 2014

Relato de Diego A. AYALA: TERAPIA

DIEGO A. AYALA


TERAPIA

-
Qué demonios te pasa, cómo diablos entraste.
- No lo sé.
- Por qué diablos no tocas antes de entrar.
El temblor en sus manos acompañaba el sudor constante de la adolescencia.
-Te ves bien.
- Se supone que tengo que decir algo.
- No lo sé, gracias tal vez.
- Eres un imbécil Warren.
- Gracias. Lo ves no es tan difícil – se miró las uñas y murmuró algo inentendible.
- Por qué no me dices qué diablos quieres.
- Follar
- Me estás jodiendo.
- No, pero espero hacerlo… pronto.
- Por qué demonios no te largas con tu maldito palo de tres centímetros.
- Eso no es necesario.
- Qué…
- No digas... no digas eso por favor - se tomó la cabeza, arañándose el cabello, el temblor y los guiños regresaron.
- Eso eres, eres un maldito imbécil con un palo de tres centímetros.
- Cállate, cállate, ¡cállate!
- O qué, qué vas a hacer pendejo.
- ¡Haz que las luces se vayan! ¡Por favor haz que las luces se vayan!
- ¿Qué?
- ¡Jarrón!
Se acercó, esclavo del sopor subrepticio, no era más que un chiquillo de dieciséis años con acné y horribles ojeras, pero la vida ya lo había lastimado de formas que ella nunca entendería. Sacó el puñal que tenía en los calzoncillos y le rebanó la garganta en un canto a la velocidad, la sangre de la enfermera que cobrara diez  por una chupada y veinte por una cogida manchó el mono blanco, se tomó la cabeza hundiendo las uñas en las sienes, el dolor volvía, cuánto dolor, hasta que los ojos ardan como canicas al rojo vivo y la cabeza palpite como motor fuera de borda, lo peor eran las luces, las luces que no se iban.
- ¡Haz que se vayan! ¡Ten piedad haz que se vayaaaan!
Salió pitado del área de descanso, resbaló con una de las bandejas que la enfermera cargaba antes de su encuentro y cayó de bruces lastimándose el puente de la nariz, la sangre amortiguó el poder de las luces y eso hizo que las pulsaciones y el temblor disminuya. Sin luces no hay dolor, sin luces no hay dolor.
- Si no veo las luces, no hay dolor, no duele si no veo las luces… -entonces las luces volvieron y así lo hizo el dolor.
Necesitaba ir al cuarto de terapias, él estaba en el cuarto de terapias, cielo santo cómo dolía, ardía como una patada en la membrana que separa los huevos, como un perro mordiéndole el pito. Dolía… -¡mucho! – gritó y se golpeó la cabeza contra la pared, el mundo oscureció, un velo de sangre bañó sus mejillas hasta el mentón, las luces perdieron intensidad. Atravesó  tanteando el pasillo, cuando las luces volvían, se lanzaba de cabeza a la pared. Ya no caminaba sino que arrastraba los pies, el mundo no era más ancho que un microscopio con marcos de sangre parpadeando mil veces por segundo. Con dedos contraídos en garras palpó las letras de la puerta.
- Doctor –balbuceó y se embistió la puerta.
Los goznes crujieron. El doctor esperaba sentado en su sillón de cuero, sonrisa en el rostro, la misma parsimonia de siempre.
- ¿Y bien? –preguntó-. ¿Las luces duelen tanto como para que tengas que acallarlas con golpes?
Sí, quiso decir el joven y lo único que salió de su boca fue: -ahg…
El doctor se quitó los anteojos.
- Pues acabemos con ellas.
Las luces se habían ido, ahora volvía la débil cordura, no era un homicida, era epiléptico y estaba en una casa de reposo y había… había tenido terapia de grupo con el doctor… un atisbo de luz bloqueaba el rostro del doctor, no podía pronunciar su nombre sin que esas jaquecas horribles, diez mil veces peores que las convulsiones regresen. Vio a la izquierda, Sombra de Dios estaba de pie y hacia malabares con algo que parecían dedos, miró a la derecha, Susy Suicidio lloraba y abrazaba una cabeza cercenada, en el centro del salón de terapias el doctor sonreía confiado, todavía con ese aire compasivo que casi te fuerza a creer ciegamente.
- ¿Dormiste bien? Preguntó el alienista.
No pudo contestar, las palabras no salían, no podían salir.
- Mueve la cabeza o asiente –dijo histriónico.
Asintió.
- Me alegra, estábamos esperando que despiertes, el grupo tiene cosas muy interesantes que compartir… -observó su listado de pacientes-. ¿Señorita Murray? Señorita Murray, le gustaría compartir.
Susy suicidio sacudió la cabeza.
- Oh, vamos, Suz, Suz, ¡Suz! Mírame cuando te hablo, sé buena niña y dinos cómo estuvo tú día.
Los labios de Susy temblaron, la chica gimoteó.
- Shh… Suz, tranquila, estás en un lugar de paz, ¿Por qué no nos hablas de tu muñeco?
Los ojos de la chica se llenaron de terror, luego de una alegría infantil y estúpida.
- Se… llama Tim… es un muñeco sucio, sucio y travieso.
- ¿Ah sí? Y ¿Por qué es un muñeco sucio y travieso?
La chica agachó la cabeza y dijo en susurros:
- Porque… hace cosas malas.
- ¿Qué clase de cosas malas?
- El… - Susy miró insegura de darse a entender, se mordió el labio inferior y sonrió-. Él se baja los pantalones y nos hace besar su pipi.
Cassy alcohólica gimió en algún lugar.
- Oh… eso no está bien, en serio Tim hace esas cosas.
Susy asintió.
- ¿Y tú lo has visto?
La chica volvió a asentir.
- Y… alguna vez te hizo… besarle el pipi, Tim me refiero.
La chica hundió el rostro en sus pechos de limón y sollozó, al cabo de un rato asintió.
- ¿A qué te supo? Preguntó el especialista.
La chica estalló en un llanto enfermizo, levantó las manos con las palmas abiertas y todos pudieron ver las cicatrices perpendiculares en sus muñecas.
- Responde con una palabra Suz, ¿A qué te supo el pipi de Tim cuando lo chupaste? Más bien cuando te hizo chupárselo.
- A… a… a ¡a orina! –chilló frenética, las ruinas de lo que alguna vez fue una adolescente ni más ni menos especial que cualquier otra adolescente se contrajeron en un rictus horrorizado, lastimero y repugnante a la vez.
- Está bien Suz, gracias por compartir –el psiquiatra chasqueó los dedos y el rostro de la chica ensombreció-. Ahora, es turno del señor Stanley. Señor Stanley quiere hablarnos sobre su altercado con los adictos del piso superior.
- Sombra de Dios.
- No, no señor Stanley, según mis papeles su nombre es Eddie Stanley.
- Sombra de Dios.
- No lo llamaré así señor Stanley.
- ¡Sombra de Dios! ¡Sombra de Dios! ¡Sombra de Dios! chilló el enajenado.
- Está bien, está bien… Sombra de Dios –por primera vez desde que conocía al doctor el chico lo vio irritado-. ¿Quiere contarnos que sucedió con los pacientes del piso superior?
- Me molestan –respondió lóbrego Sombra de Dios.
- ¿Cómo?
- Me golpean y… y dicen… dicen que soy… bobo y… y se lanzan gases en mi rostro cuando me agacho a recoger mis crayones, son… son unos t-t-tontos.
- Ya veo, pero ya no te van a molestar, o no Sombra de Dios.
El enajenado sonrió haciendo de sus facciones una mueca siniestra.
- No… ya no, doctor… ya no… n-n-nunca más. Levantó uno de los miembros cercenados.
El doctor recuperó la compostura y lanzó una carcajada que sonó al canto de los somorgujos.
- Me alegra mucho señor Stanley… perdón Sombra de Dios.
El enajenado rió y relinchó.
- Ahora, veamos que nos cuenta la señora Walters.
Cassy alcohólica gimoteó y sufrió un colapso nervioso, el doctor tuvo que chasquear los dedos para devolverla a las luces.
- Por qué no continuamos con usted señor Hart… ¿usted tiene un problema? Cierto.
El chico, se miró las manos, cubiertas en tierra y grumos de sangre seca, recordó que una de las cosas que más le costó confesar al grupo de apoyo fue que no se sentía capaz de complacer a una mujer.
- Sí.
- Y si no me equivoco, es un problema que involucra a una de nuestras enfermeras… -ojeó sus papeles–, la que ustedes tan jocosamente han bautizado como la enfermera zorra.
Asintió.
- ¿Es esta la enfermera que cobra por practicarles felación?
Tres de los cinco hombres del grupo asintieron.
- Y bien… ¿qué pasó?
Así que el chico le contó como solucionó el problema, a mitad de la historia el especialista se puso de pie, se acercó y le acarició la cabeza.
- Bien, muy bien mi jarrón. –dijo el psiquiatra y ese enloquecedor brillo volvió a sus ojos.
Cuando el chico terminó su historia, el doctor los miró a todos con la expresión de un padre orgulloso.
- Estoy eufórico mis jarrones, ¿Por qué los llamo jarrones? -Preguntó cómo el maestro que sabe que toda la clase sabe la respuesta.
- ¡Porque estamos vacíos! – espondieron al unísono, hasta los que estaban sumidos en los pozos sin brillo de la hipnosis.
- Así es… por eso los lleno y cuando tienen un problema los ayudo a solucionarlos, ¿no es así mis jarrones?
- ¡Sí! – respondieron al unísono los ocho pacientes y en sus rostros había devoción, amor e infinita confianza que el doctor los curaría, los curaría con su infinita sabiduría.


NOTA.- Este relato no fue incluido en el número 27 de "Pluma y Tintero" (de próxima aparición), porque llegó a destiempo y ya no era posible el añadirlo. 

Pueden consultar la biografía del autor picando sobre su foto, o directamente sobre el siguiente enlace:
Ayala, Diego.





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